El rol del sueño en la salud mental

Las alteraciones de sueño desarrolladas durante la crisis sanitaria podrían mantenerse tras la pandemia

En motivo del día mundial de la salud mental publicamos un artículo sobre la investigación y los datos que existen sobre la relación e influencia del sueño sobre nuestra salud mental, la cual se ha puesto en evidencia especialmente durante la crisis sanitaria y las consecuencias socioeconómicas provocadas por el coronavirus.

Durante la pandemia más de la mitad de la población reconoce tener problemas de sueño. Ahora que la vacunación masiva ha demostrado ser efectiva, se relajan las restricciones de movilidad y aumentan las relaciones sociales, sería de esperar que mejorará la salud mental y los problemas de sueño de la población. Sin embargo, existen evidencias para pensar que algunas personas seguirán sufriendo procesos de ansiedad y trastornos de sueño a causa de las secuelas psicológicas de la pandemia.

Las preocupaciones como el miedo al contagio y la incertidumbre económica y social, se han instalado en nuestra mente como elaboraciones mentales negativas y amenazantes, que, a su vez, producen una respuesta fisiológica al estrés que perdura en el tiempo y es desadaptativa.

La alerta fisiológica que se pone en marcha en momentos de ansiedad suele ser desproporcionada, y no corresponde a un peligro inmediato y agudo que necesita una respuesta urgente, de modo que los mecanismos de respuesta al estrés se mantienen activos a lo largo del tiempo, exponiéndonos a problemas de salud mental.

Según varios estudios publicados en 2020, hasta un 65% de la población habría desarrollado ansiedad o cuadros depresivos durante el confinamiento. Además, un análisis publicado en la revista Journal of Affective Disorder sugiere un aumento de trastornos de estrés postraumático (TEPT) en la población, debido a lo acontecido durante la pandemia de Coronavirus [1]. El TEPT es un trastorno de salud mental en el que una persona experimenta pensamientos, flashbacks y pesadillas que le llevan a volver a experimentar el trauma, reviviendo los recuerdos dolorosos y provocando ataques de pánico, cambios de comportamiento y problemas de insomnio graves. Según el reciente estudio, presentan síntomas de TEPT, tres de cada diez personas que han pasado la Covid-19, dos de cada diez trabajadores sanitarios, y un 10% de la población general.

¿Cómo afecta la privación de sueño a la salud mental?

La salud mental y el sueño se vinculan de forma bidireccional. Los estados de ansiedad y depresión pueden provocar insomnio, y al revés, la privación de sueño afecta directamente a nuestro estado emocional. La tasa de insomnio entre las personas con depresión esta entre el 67- 84 % [2]. Además, la depresión con insomnio presenta síntomas más graves y peor respuesta a intervenciones terapéuticas [3].

El estado de hiperalerta como respuesta a situaciones amenazantes presentes o proyectadas en el futuro, mantiene activado el sistema nervioso simpático (normalmente activo durante la vigilia) impidiendo la relajación necesaria para la conciliación del sueño y/o provocando despertares nocturnos. Por ese motivo, en los trastornos de ansiedad es frecuente tener sueños agitados o pesadillas que también empeoran la calidad del sueño.

La restricción de sueño actúa como un estresor neurobiológico que afecta a los procesos que regulan el estado de ánimo por múltiples vías” afirma el Dr. Robert Cilveti, pediatra y psicólogo clínico experto en sueño.

Por un lado, la alteración del patrón de sueño modifica el reloj biológico afectando a los ritmos circadianos —patrones regulares diarios de variables biológicas como la ingesta o la actividad física— con consecuencias para nuestra salud y calidad de vida. Por otro lado, se alteran los niveles de sustancias implicadas en la regulación hormonal del sueño, como la melatonina y el cortisol. Cuando el sueño es de mala calidad, el nivel de cortisol se eleva dando lugar a una respuesta al estrés amplificada que puede dificultar aún más la modulación emocional. Estos procesos fisiológicos pueden ser sustrato para la depresión porque:

  • Producen mayor reactividad emocional
  • Dificultan la gestión de situaciones estresantes
  • La exposición crónica a elevados niveles de cortisol puede provocar modificaciones cerebrales que dificultan la modulación de la respuesta al estrés.
  • La falta de sueño reparador también genera un estado de la inflamación crónica y disminuye la plasticidad y conectividad cerebral, lo que dificulta la toma de decisiones y el procesamiento de las emociones, en especial las negativas.

Tratamientos para insomnio

La terapia cognitiva conductual para el insomnio (TCC-I) es un programa que ayuda a identificar y reemplazar los pensamientos, creencias y las conductas que provocan o empeoran las alteraciones de sueño por hábitos que induzcan y mejoren el sueño.

Además, el Dr. Cilveti nos indica que, según su experiencia clínica, “una terapia centrada en el insomnio puede mejorar los síntomas de la depresión”.

Las terapias TCC-I consisten en una combinación de técnicas, que suelen incluir:

  • Técnicas cognitivas para entender y reconducir los pensamientos que generan la preocupación y ansiedad por el insomnio.
  • Control de estímulos. Disminuye la resistencia al sueño, detectando y eliminando los factores que lo propician con nuevas asociaciones y rutinas.
  • Restricción de sueño para disminuir el tiempo que pasamos en la cama despiertos.
  • Higiene del sueño. Se trata de planificar hábitos de conducta que favorezcan el inicio y mantenimiento del sueño. A su vez, se dividen en: hábitos diurnos saludables (evitar el exceso de cafeína, hacer ejercicio y llevar una vida sana), condiciones que favorecen el sueño, y actuaciones en caso de no poder dormir.
  • Entrenamiento de técnicas relajación. Con este enfoque se buscan estrategias para calmar la mente y el cuerpo.
  • Es habitual, la realización de un diario de sueño para conocer los patrones de sueño de la persona y supervisar la eficacia de la terapia.

Ante sospecha de otros trastornos de sueño, podría ser útil y necesario realizar pruebas diagnósticas objetivas como la polisomnografía o la actigrafía que ayuden a esclarecer el tipo de patología que produce la alteración de sueño.


Autores y colaboradores:

Rut A. Ruiz Fernández, redactora científica en AdSalutem Instituto del Sueño

 

Referencias:

  1. Mona Salehi, Man Amanat, Mohammadreza Mohammadi, Maryam Salmanian, Nima Rezaei, Amene Saghazadeh, Amir Garakani, The prevalence of post-traumatic stress disorder related symptoms in Coronavirus outbreaks: A systematic-review and meta-analysis, Journal of Affective Disorders, Volume 282, 2021, Pages 527-538, ISSN 0165-0327, https://doi.org/10.1016/j.jad.2020.12.188.
  2. Ford DE, Kamerow DB. Epidemiologic Study of Sleep Disturbances and Psychiatric Disorders: An Opportunity for Prevention? JAMA. 1989;262(11):1479–1484. doi:10.1001/jama.1989.03430110069030.
  3. Asarnow LD. Depression and sleep: what has the treatment research revealed and could the HPA axis be a potential mechanism? Curr Opin Psychol. 2020 Aug;34:112-116. doi: 10.1016/j.copsyc.2019.12.002. Epub 2019 Dec 20. PMID: 31962280.
  4. Palagini L, Bastien CH, Marazziti D, Ellis JG, Riemann D. The key role of insomnia and sleep loss in the dysregulation of multiple systems involved in mood disorders: A proposed model. J Sleep Res. 2019 Dec;28(6):e12841. doi: 10.1111/jsr.12841. Epub 2019 Apr 10. PMID: 30968511.
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